Aniversario del Movimiento de Cursillos de Cristiandad 40 años PDF Imprimir Correo electrónico
Fuente http://www.diarionorte.com   
Jueves 15 de Octubre de 2009 03:47

Con el objetivo de atraer a los cristianos alejados y para revitalizar a los cercanos, un católico comprometido organizó hace 65 años un encuentro histórico en España. Como sucedió con los panes y peces, la iniciativa se multiplicó hasta convertirse en una comunidad internacional con cientos de miles de miembros en el mundo.

 

 

Así nació el movimiento de Cursillos de Cristiandad, que en 1969 llegó al Chaco y hoy ya cuenta con más de 8.000 seguidores.

 

Para celebrar el aniversario número 40 se realizarán varios actos conmemorativos y en el predio de la Sociedad Rural —Alvear y Mac Lean— habrá un recordatorio especial para el ex obispo José Agustín Marozzi, por ser precursor del grupo en la provincia y otros religiosos que lo hicieron posible.

 

Breve historia

 

Aunque el Vaticano los reconoció oficialmente en junio de 2004 los cursillistas ya habían ganado adeptos en la mayoría de las diócesis de la Iglesia, sobre todo en las últimas dos décadas.

 

Un discurso del Papa Pío XII (de febrero de 1940) sobre los alejados de la Iglesia despertó la inquietud en el español comprometido con su fe Eduardo Bonnín, que en 1943 cuando organizaba la peregrinación a Santiago de Compostela, pensó que el mensaje tenía que tocar tierra y no sólo preparar a los asistentes para la peregrinación, sino para la vida.

 

Así realizó el primer cursillo de la historia en Cala Figuera de Santayí, Mallorca, España, del 20 al 23 de agosto de 1944. Bonnín creía que había un cristiano en las personas alejadas y que era necesario también revitalizar a los más próximos.

 

El primer encuentro numerado se hizo recién en 1949, ya con la intervención del obispo de Mallorca.

 

La iniciativa cundió y se propagó por toda España, luego pasó a América latina, Europa, África, Asia y Australia. Hoy tiene representaciones en 60 países de todos los continentes y en 800 diócesis.

 

A la Argentina llegó en 1962 y el primer cursillo se hizo en San Miguel de Tucumán y desde allí a todo el país.

 

Desde adentro

 

En diálogo con NORTE el presidente del secretariado diocesano Raúl Antonio Yurkevich explica que la aparición del movimiento “fue muy oportuna, porque la historia se había encargado de alejarnos o de hacernos olvidar de ciertas evidencias del Evangelio”.

 

El conocido juez camarista se vinculó con la institución religiosa hace 15 años y asevera que en cada cursillo los participantes pueden experimentar tres tipos de encuentro: consigo, con la fe y con su comunidad.

 

—Juan Pablo II definió los cursillos de cristiandad como “un instrumento suscitado por Dios para el anuncio del evangelio en nuestro tiempo”, ¿qué significa eso?

 

—El Espíritu Santo inspiró al joven Eduardo Bonnín Aguiló a anunciar algunas “evidencias olvidadas del Evangelio” que veinte años después reeditó el Concilio Vaticano II. Esas “evidencias olvidadas” están en el Evangelio, fueron claramente dichas por Jesús, que se presenta como un amigo, cercano, vivo. Eduardo Bonnín Aguiló se encargó de presentar a Jesús como es y como está realmente en los evangelios. Esa forma de presentar al Señor fue muy oportuna porque la historia se había encargado de alejarnos o de hacernos olvidar de esas evidencias.

 

—En realidad, lo único que hizo fue poner las cosas en su justo sentido.

 

—La finalidad del movimiento es la persona. Nuestro objetivo es hacer saber al hombre que Dios lo ama. Creemos firmemente que el hombre, cuando sabe que Dios lo ama, se siente impulsado a hacer cosas que antes no era capaz de hacer, cosas inimaginables.

 

—¿Los encuentros tienen una única finalidad espiritual o se tratan también temas de la realidad cotidiana?

 

—En los tres días que dura cada cursillo puede producirse un triple encuentro: con uno mismo, con Cristo y con la comunidad. Lo que pasa allí adentro no se puede contar. No es una cuestión de secreto sino que es una vivencia personal. No se puede explicar cómo es el cursillo sino que se puede contar cómo es mi cursillo. Cada uno vive su experiencia individual y para cada uno significa algo diferente. El movimiento hace un anuncio gozoso de Cristo, un anuncio que transmite alegría, amistad y libertad. Esos son los pilares sobre los cuales se sostiene su discurso.

 

—¿Cómo resumiría, entonces su importancia y gravitación?

 

—Reside en que la persona aprende lo que realmente es la Iglesia. Aprende que no es el templo, el mero edificio de ladrillo ni la jerarquía eclesiástica. Comprende que todos somos iglesia. Cuando eso sucede, se siente impulsada a comprometerse seriamente con ella. Muchos cursillistas hicieron la opción vocacional de colaborar diariamente y están comprometidos con su parroquia, capilla o barrio.

 

—¿Por qué lo denominan movimiento?

 

—Eduardo Bonnín Aguiló decía que así como muchos dicen que todo tiempo pasado fue mejor, él prefería afirmar que es mejorable. La gente se incorpora de manera permanente, creando una dinámica muy especial. Y en Resistencia pasa algo extraordinario: en los últimos tres o cuatro años fue masiva la incorporación de jóvenes. Ellos le dieron una impronta novedosa al movimiento, le imprimieron una dinámica diferente. Estamos muy contentos y asombrados porque en momentos en que todos hablan de una juventud perdida, droga, alcohol, noche, inseguridad, desidia, indiferencia y falta de valores cristianos, hay chicos que están en otra cosa totalmente diferente. Aunque no tienen prensa. Los que tienen prensa son esos que salen a una avenida a pegarle cintarazos a ciclistas sólo porque son pobres. Los jóvenes que quieren ir hacia adelante, que estudian, que trabajan, que procuran descubrir un espectro de espiritualidad realmente son un regalo de Dios.

 

—El Vaticano pide a todos los movimientos de la iglesia trabajar juntos por la región o el país ¿Ustedes lo hacen?

 

—Unidos no quiere decir que hagamos todos lo mismo. La Pastoral de la iglesia es tan inteligente que abarca todas las actividades y posibilidades de la persona. El ser humano, a su vez, es tan diverso que no es posible contenerlo en un solo movimiento o en una sola Pastoral. Por eso la iglesia tiene diferentes pastorales, movimientos y programas para el área aborigen, los enfermos, los carismáticos o el movimiento familiar cristiano. Son distintos carismas para distintas personas. La Iglesia tiene respuestas para todos.

 

—¿Cursillos de Cristiandad es, también, una respuesta de la iglesia para la gente?

 

—Definitivamente sí porque está dirigido y destinado a las personas. El movimiento abre sus brazos a toda la comunidad con un mensaje: ‘Crean firmemente, tengan fe’. Sostenemos que el hombre no es malo por naturaleza sino bueno, la vida es bella y vale la pena vivirla. Inyectamos fe y esperanza en la gente, inyectamos en las personas fe en Dios. Y lo hacemos porque creemos que un reino del amor es posible. Ese es básicamente nuestro deseo para la comunidad: que vean la realidad con los ojos de la esperanza y del optimismo. Esto suena raro en medio de la crisis generalizada que estamos pasando en todos los órdenes. Pero estamos convencidos de que la alegría, la amistad y la libertad son posibles.

 

—Una consigna del Papa Pío XII era “Hacer, estructurar y vertebrar cristiandad” para renovar a la sociedad. ¿Lo hacen ustedes?

 

—De esa consigna nosotros recogimos el término vertebrar porque apuntamos preferentemente a aquella persona que articula algo dentro de la sociedad. Puede ser en el barrio o en alguna institución privada o estatal. Lo que hacemos es hacer pasar por la experiencia de cursillos a una persona que tiene un lugar preponderante para que se vea impulsada a transformar lo que llamamos su “metro cuadrado”. También apuntamos a aquellos que a lo mejor no lo son pero que al hacer la experiencia de cursillo seguramente se sentirán impulsadas a serlo. A eso llamamos “vertebrar cristiandad”: articular de tal manera las cosas que se impregnen de valores cristianos.

 

—Al ser juez en lo criminal dentro de la estructura del Poder Judicial, ¿qué lo llevó a encolumnarse en las filas del movimiento?

 

—Hace unos quince años el también juez camarista Jorge Alberto Lasgoity, me llevó a hacer mi primer cursillo. Hasta hoy lo que me cautivan son las herramientas que da para lograr la perseverancia dentro de la fe y dentro de un modelo de vida lleno de valores, de equilibrio y madurez. Hoy, quince años después y habiendo experimentado cosas y sensaciones maravillosas, doy fe de que son de probada eficacia.

 

—Pero no se otorgan certificados de santidad...

 

—De ninguna manera. A nadie se le da un certificado de santidad. La santidad hay que construirla día a día. Vivir la vida según Cristo que dijo “Yo soy el camino, la luz y la vida”. Cada cual tiene que construir la propia.

 

—Alguien dijo que “la comunidad formada en el cursillo es muy similar a la de los primeros días de la Iglesia”, ¿comparte esa apreciación?

 

—Sin duda que es así. Los pilares sobre los que se asienta el cursillo son la alegría, la amistad y el deseo de hacerse cada vez más cristiano. Estos son los mismos pilares que definían a las primitivas comunidades cristianas. La otra columna fundamental es la libertad. Decimos que solamente el conocimiento total de Cristo y la adhesión total a Cristo nos harán libres. Mucha gente dice ser libre porque se le antoja encontrar libertad en las drogas, en el alcohol o en el juego, cuando el hecho es que una persona es prisionera de esas adicciones. Nosotros, sin embargo, caminamos hacia la libertad plena del hombre, es decir, hacia la decisión de la persona por sí misma.

Fuente:

http://www.diarionorte.com/noticia.php?numero=39734

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Ultima actualización ( Sábado 17 de Octubre de 2009 14:28 )
 

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