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| Homilía del Te Deum de Monseñor Sigampa |
| Fuente Arzobispado | |||||||||
| Miércoles 01 de Junio de 2011 14:15 | |||||||||
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"Señora Presidenta de la Nación, sea bienvenida a esta casa, junto con la comitiva que la acompaña. Sea bienvenido Señor Gobernador, don Jorge Milton Capitanich, sea bienvenido a esta casa de Dios. También le damos la bienvenida a la Señora Intendente, la Ingeniera Aída Ayala, ella es la responsable de la ciudad, así que nos hace bien tenerla también entre nosotros. Y a todos ustedes, que nos lo voy a nombrar porque el tiempo que me dieron para la homilía pasaría nombrando gente pero ya sé, ya saben todos que ustedes están en esta casa y sean bienvenidos, bien recibidos y que gocen de ese calor del corazón de nuestro Padre.
Estamos celebrando el día de nuestra Patria, en este Bicentenario “en Justicia y Solidaridad” y el centro de esta celebración es Dios, que es Padre, que es Hijo y que es Espíritu Santo. Este Dios que nos ha creado y que toda la creación la ha destinado para nosotros, y también Él es el Señor de la Historia. Cuando Dios crea estaba solo porque nos creó al final. En cambio, la Historia nos incorpora a nosotros. Por eso no siempre la Historia va en línea recta porque el proyecto de Dios a veces lo entorpecemos nosotros los hombres cuando llegamos a la desobediencia.
¿Qué significa para nosotros, hijos de Dios a partir del Bautismo, el “Te Deum”? “A Ti, Dios, te alabamos”, lo reconocemos, lo queremos, porque es nuestro Padre, porque nos ha destinado y nos ha puesto en este mundo. Por eso que hermosa la lectura de la carta de Pablo a los Filipenses (Flp. 2, 1-11). Es una invitación al amor, es una invitación a la humildad, es una invitación a mirar el corazón, es una invitación a tener claro el pensamiento. Por eso él nos aconseja como un hombre experimentado y que nos hace falta al decir de él: “no hagan nada por rivalidad ni por vanagloria”. Nos pide a nosotros humildad y nos dice estimar a los otros como superiores, buscar siempre el interés de los demás. Y eso significa tener los mismos sentimientos del Hijo de Dios, que dejó su condición de Hijo del Padre para ponerse a nuestro lado, para hacerse hombre, verdaderamente hombre, estar al lado de los hombres, para conocerlo de cerca y conocer de cerca su situación. Por eso encontramos en Él dos momentos importantes: la humillación de Él hasta llegar a la Cruz, y la exaltación que hace el Padre de Él cuando lo resucita. Por eso se habla de un descenso de Dios hacia nosotros y de un ascenso de Él hacia la Casa del Padre.
San Pablo es muy audaz cuando dice: que “se anonadó”, se vació de sí mismo, traducido en otra forma, dice Pablo que “siendo rico se hizo pobre”, así lo dice en una de sus cartas. Y por eso será el rasgo fundamental de Cristo: su obediencia al Padre. “No bajé para hacer mi voluntad sino la voluntad del que me ha enviado”. Esta obediencia al Padre es la que define toda la vida de nuestro Señor Jesucristo que llega hasta la Cruz. Obediente hasta la muerte y muerte en la Cruz. Por eso se ha vuelto servidor de todos los hombres. Y hay un gesto que lo realizamos aquí en la Iglesia Catedral, cuando el obispo a un grupo de niños le lava los pies. Ese servicio que lo hace la mamá, la esposa o la hija. Pero lo ha hecho Dios con nosotros. Y Él les dijo: “Ustedes me llaman Señor y Maestro y lo soy, y les he lavado los pies. Hagan ustedes lo mismo.” Es el mandato de Él, de ser servidores los unos de los otros.
Y el Salmo de hoy (Salmo 115), es el grito del hombre, de la mujer, del Hijo de Dios. Y que dice esta súplica nuestra. “A Ti, alabanza y gloria por los siglos de los siglos.” ¡Qué hermoso que hoy estemos aquí, todos para alabar a este Dios! ¿Y por qué lo alabamos? Porque él tiene un amor eterno y su fidelidad dura para siempre. Es el Dios verdadero, el Señor del cielo y de la tierra, en contraposición a los falsos dioses, a los ídolos, y que nos describe el texto, de una forma bellísima: tienen boca y no hablan, ojos y no ven, orejas y no oyen, nariz y no huelen, manos y no tocan, pies y no andan. Ése no es el dios nuestro. El Dios nuestro es el Dios Creador, que nos hizo a imagen y semejanza suya. Y hoy estamos aquí para reconocerlo a Él como el Dios verdadero, como el Dios que es Padre, ese Dios que por amor nos ha creado y nos ha puesto en este mundo.
Y el Evangelio de hoy (Mt. 24, 45-47), queridos hermanos, parte de una bienaventuranza: Feliz, dichoso, bienaventurado aquel servidor a quien su Señor al llegar lo encuentra ocupado en este trabajo. Hoy se habla, queridos hermanos, de un liderazgo por el servicio: servir a Cristo sirviendo a nuestros hermanos. Eso es lo que tenemos que hacer hoy, todos y cada uno. Un servicio que nos permita a nosotros ser capaces de promover el desarrollo integral de la persona y de la sociedad en la que vivimos. Por eso será siempre este servicio un compromiso político, un compromiso social, un servicio con valores, con capacidad de escucha, proyectándonos más allá de lo inmediato, descubrir los signos nuevos de los tiempos y sobretodo coherencia de vida. Ayer y anteayer, veía feliz y emocionado al Gobernador, acompañado de sus hijas, en las bendiciones de las obras que se realizaron, porque él, como buen padre, ha hecho una opción por los niños y los jóvenes, que es el presente y el futuro del Chaco y de la Patria, apostar por ellos, darle lo mejor, para que crezcan bien, para que sean hombres y mujeres de bien. Necesitamos muchos hombres y mujeres así, amados –como dice la Escritura-, elegidos por Dios y santos como Él.
Permítame Señora Presidente, que en nombre de esos argentinitos, chaqueñitos y chaqueñitas, pequeñitos que están en el vientre de su mamá, en ese sagrario de la vida, agradecerle en nombre de esos niños por la asignación que Ud. generosamente les ha dado. Y sé que Ud. lo ha hecho porque es mujer y porque es madre, y porque sabe lo que es llevar un hijo en el seno. Y sabe lo que es dar a luz un hijo. Porque Dios las ha bendecido a ustedes las mujeres con dos dones: el don de la maternidad y el don de la educación. Ustedes son capaces de traer el hijo al mundo y de educarlo. Hace poco tiempo decíamos en Catamarca: Si todas las mujeres el mismo día y a la misma hora se propusieran cambiar el corazón de los hijos cambiaríamos la sociedad en un solo instante. ¡Qué hermosa misión la de ustedes! Quiero agradecerle porque Ud. Señora, mirando y por la experiencia que tiene, ese niño escondido en el seno materno, y Ud. lo descubre como un ser nuevo, sujeto a derecho, tiene derecho a recibir este auxilio, a esa mamá que lo lleva y que lo va a dar a luz. Como no agradecer este gesto. Eso significa -porque a veces usamos palabras difíciles- “la inclusión” del niño, sí, incluir al niño. No estamos haciendo un gasto, estamos haciendo una inversión con ese niño, con esos miles de niños.
Ud., Sra. Presidente, en mi tierra natal -porque soy riojano, porque se habrá dado cuenta por mi tonada y no la pienso perder, así como me estoy aclimatando al Chaco, me estoy haciendo chaqueño y aguanto el calor, los mosquitos y todas esas otras cosas que hay- en La Rioja pidió solidaridad. La escuché. Y Ud. la está haciendo. Ésta es la solidaridad concreta con esas mujeres que en ese vientre están llevando la vida nueva. Hay una frase del Evangelio que a mí me hizo mucho bien escuchar, porque brota del corazón de una mujer y se lo dice a Cristo, el verdadero hombre: “Feliz el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron”. Así le dice una mujer por experiencia al Hijo de Dios que estuvo nueve meses en el seno de su mamá y de Ella nació. Y Cristo nunca borró ese elogio que la mujer hace a la mamá del Señor.
Ud. ha puesto una fecha en el niño, interesante, unos tres meses. Entonces quiere decir que tiene tres meses. Y hay que contar desde cuándo se cuentan esos tres meses. Así resulta ser desde el momento de la “Concepción” para adelante. ¡Qué hermoso! ¡Qué profundo! Solamente lo puede hacer una mujer que sabe lo que es quedar embarazada, que sabe lo que es llevar nueve meses a ese niño. Solamente la mujer tiene la capacidad para descubrir lo que hay dentro de ella. Cuando yo tenía unos quince o dieciséis años le pregunté a mi mamá -que en paz descanse la vieja que murió a los 96 años- ¿vos te diste cuenta que yo estaba? Sí -me dijo-, yo sabía que había un bicho raro adentro mío –refiriéndose a mí-; y la vieja siempre me cuidó y gracias a esta mujer llegamos a donde estoy, porque ella quería, como buena mamá, que sus hijos, que éramos ocho, llegáramos a la medida en que Dios nos había asignado.
Por eso me parece bueno agradecerle a Ud. por este gesto suyo y que siempre encuentre el dinero suficiente para estos niños, que son argentinos, que son chaqueños, que son personas, que han encontrado otra persona con un corazón grande, que aún cuando están ocultos en el seno materno, sabe que está ahí como vida nueva, como un hombre nuevo, como una mujer nueva. Ésta es la solidaridad concreta de Ud. Señora Presidente con estas mujeres que se han animado a traer el hijo al mundo.
Le cuento una anécdota: visitando estos pueblos, le dije al sacerdote, ¿por qué no me llevas a ver la periferia, que quiero ver? Y me encuentro un niñito llorando, con el plato en la mano y en la otra mano la cuchara y toda la carita embardunada de polenta, llorando. Y sé que era varón porque estaba sin pantaloncito el chico. Y no me enojé con su mamá. Me enojé interiormente con el hombre, con el varón que lo trajo al mundo y le tuvo miedo y se fue, y lo dejó solo. Es un llamado de atención a nosotros, varones. No tengamos miedo a lo que hemos fabricado los hombres. El hombre en algún tiempo se sentía deshonrado como hombre, cuando otro le daba de comer a su mujer y a sus hijos. Rescatemos estos valores, no tengamos miedo al niño. A ese niño que cuando uno lo mira de cerca nos necesita.
Hace un tiempo, en uno de los barrios, aparece un niñito. Yo estaba sentado, viene con la mamaderita en la mano, se pone entre mis piernas mirando a la gente. Y entonces lo toco y le pregunto: ¿cómo te llamas? ¿Y sabe que me dijo? ¡Antonio! ¿Y cuántos añitos tiene el Antonio? Tengo así (mostrando dos dedos en “v” corta). Guarda que no es un signo político, con eso quiso decir dos años. ¿Y qué estás haciendo ahora? Y estoy tomando la mamadera. ¡Dos años y con una lucidez extraordinaria! Y yo me dije: ¿por qué no le hacemos la catequesis ahora, por qué esperamos diez años para atenderlo al chico, si ya está ahí, entiende, comprende, responde. ¡Qué hermoso, qué misterio que es la vida, qué profunda es la vida! ¡La vida que Dios la ha puesto en nuestras manos de varón y de mujer! ¡Allí está la vida!
A los chicos les decía: “cuiden sus cuerpos”, aliméntenlo bien, cuiden lo que ingresan porque a veces hay ciertas comidas que hacen daño, destruyen el cuerpo, y nosotros tenemos éste único y no tenemos otro de repuesto. Así que lo tenemos que cuidar para poder vivir, trabajar y servir. ¡Qué hermoso cuando reflexionamos acerca de la vida, de mi vida, de la vida que he recibido, y que la tengo porque otros me la han traído, me la han regalado la vida. Señora, qué hermoso cuando pensamos así, porque nos valoramos a nosotros mismos, porque somos autores de la vida. Dios no ha sido mezquino con nosotros, podría crear de otra manera pero quería que sea por el varón y la mujer, que por amor trajeran vidas nuevas.
Qué hermoso en este Bicentenario, construir esta Nación con hombres y mujeres nuevos, bien alimentados, sanos espiritualmente y físicamente. Y eso tenemos que lograr nosotros, los adultos, que hemos recibido el mandato de servir, de servir al pueblo. Tenemos que trabajar para transformar la vida social, la vida económica y la vida política. Tenemos que fortalecer las Instituciones, empezando por la familia en la cual hemos nacido; por el municipio, por la provincia y por el país; afianzar la educación, la salud y el trabajo. Yo me alegro que aquí en el Chaco el Señor Gobernador está buscando que haya fuentes de trabajo genuino para que el hombre se quede aquí, trabaje aquí y transforme su tierra, su Chaco.
Quiero concluir con las palabras del Evangelio de hoy: “Feliz aquel servidor a quien su Señor lo encuentre ocupado en este trabajo”. Es lo que nos dice el Hijo de Dios en esta mañana del 25 de Mayo. Y nos hace esta promesa, y como es promesa de Dios se va a cumplir: “Les aseguro que lo hará administrador de todos los bienes, si somos fieles en lo poco seremos también fieles en lo mucho”. Señora Presidente, muchísimas gracias por la atención que nos ha dispensado y que Dios, conductor de la Historia nos ayude a transitar por los andariveles que Él ha señalado y que nosotros estamos obligados a descubrirlos y a transitarlos. Y que la Virgen Santísima, la mujer por excelencia, que nos acompañe, nos guie como Madre y maestra de la Vida. Que así sea.
Desgrabación: 31-05-2011 Chino (Albino Fernández Arzobispado de Resistencia)
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